Bailemos con la fea

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11 December 2013 | 

Son pocas las ocasiones en las que el profesional gráfico alza la voz y critica más allá de la superficialidad un proyecto, un compañero o un tema relacionado con su profesión, y más rara aún la vez en que ésta queda escrita y firmada. Me refiero a una crítica meditada y sobretodo razonada que se aleja del común entendimiento negativo de la misma como herramienta de destrucción ya que ésta última, como bien analiza Michael Beirut, es un deporte cada vez más extendido en el que bastan dos lados que comparar, la versión nueva y vieja de un logotipo para que «críticos» llenen páginas de comentarios con opiniones vacías con tendencia a la emocionalidad y la falta.

Quiero creer que los aparentes silencios de «razonamiento» no se deben a una falta de iniciativa sino de medios o modelos a seguir a la hora de criticar. O tal vez sea que el diseñador tenga suficiente con solucionar sus propios problemas gráficos como para estar pensando en los de los demás, aunque dudo que éste sea el caso ya que no han sido pocos los que, como Vignelli, llevan años señalando la crítica como una de las cualidades necesarias para que esta profesión avance. Nos han contando una y otra vez la historia de una profesión que mira con envidia disfrutar a otras (arquitectura, arte, cine, cocina…) de su tradición y abundancia críticas, y pese a que sostengo este hecho y considero la crítica como parte de la teoría que le falta a la profesión, a no voy a entrar en diatribas históricas para volver a contar el «Érase una vez» porque sinceramente esto es así y en diseño gráfico no hay crítica. Y ya puede ser muy profundo el análisis doctoral sobre el origen o la causa que en mi opinión a lo que hay que empezar es precisamente a Hacer; bien o mal, bonito o feo pero empecemos a bailar y ya nos iremos conociendo.

Simplemente alejémonos unos pasos en el proceso de comunicación y podremos ver como la falta de crítica es en realidad una falta de opinión (meditada, razonada…) y que ésta provoca o es provocada por la falta de diálogo. Diálogos de verdad y no el siéntate aquí y escucha mi verborrea o admira mi buen manejo del PowerPoint, que parece ser la rutina de costumbre en las reuniones del sector. Porque internet es un chivato y tiene múltiples formas de avisarnos del nuevo gran trabajo que has publicado y lo bien que te ha quedado. Todo eso ya lo hemos visto y las anécdotas y chascarrillos nos sacan la sonrisa, vale, pero ahora cuéntanos más, vengo aquí a conocerte y aprender, no a reírte las gracias.

Éste comentario tan gratuitamente generalizado se escucha cada vez más en boca de un diseñador que demanda más calidad en sus «in-puts», más honestidad en las conferencias y, en definitiva, más de su profesión.

La manera de conseguir esto a mi modo de ver es tan sencilla como preguntar. Preguntemos a los diseñadores y a los diseños, pero no de manera mezquina o pretenciosa, no busquemos lo complejo, limitémonos a preguntar sin importarnos la respuesta. Porque puede ser que el concepto de un proyecto sea El Amarillo y punto y lo que a unos les parecerá brillante a otros les parecerá un ultraje pero esto es precisamente lo que necesitamos, puntos de vista, debate, posiciones defendidas con las que razonar y en consecuencia criticar. Considero esto algo tan fundamental que hasta que no llegue seguiremos siendo una profesión mecida por las modas sin otra función que la de engrasar las ruedas del capitalismo con gusto y estilo como aseveraba Rick Poynor citando al tipógrafo Jeffery Keedy.

Al fin y al cabo la pregunta y más concretamente la respuesta sea ésta cual sea siempre va a sumar en los cimientos de la profesión, permitiéndonos llevarla hasta cotas más altas por el mero hecho de haber partido desde una base más elevada, todo comenzado en el momento en que el diseñador asume el cuestionar como parte de su proceso, lo que supondría conseguir una mayor integridad en las soluciones a los problemas (gráficos) que se le presenten y a demás desarrollar una autoridad suficientemente fundamentada con la que poder cuestionar en otros sectores profesionales de manera razonada.

Esta perspectiva de la crítica, ávida de información, pudiera corresponder a la del llamado periodismo crítico, el cual, citando de nuevo al Sr. Poynor:

«[…] Es capaz de formas de investigación que las representaciones más académicas de la crítica pasan por alto ya que éste conserva un fuerte sentido de lo particular y mantiene cercano el conocimiento práctico de las producciones para preguntar con los pies en la tierra a cerca de los individuos y el trabajo, buscando los valores de lo logrado, el contexto inmediato o unas implicaciones más amplias tanto profesionales como social-culturales.»

Por lo tanto quizá debamos dejar a un lado la estéril búsqueda de crítica inconcreta y centrar nuestras demandas en algo más tangible como es la información.